Acostumbrada como lo está a juzgar por decreto, la sociedad actual solo precisa de un resultado, una cualificación, o una etiqueta para sentenciar cualquier contenido. La materialización del todo acaba por dibujar una comparación continua. Espejos por aquí, espejos por allá. Peor que Marta y mejor que Óscar. Siempre clasificados. Lo que no hacemos -o hacemos poco- es cuestionarnos cuanta verdad hay en los diferentes parámetros que nos miden. Calcula una sonrisa, un llanto. Calcula un pase al hueco, solo lo harás si acaba en gol, tachando el magistral envío de simple asistencia. Si no, al olvido. Somos esclavos del número. Con esta crítica abogo por una valoración del procedimiento que no dependa exclusivamente del resultado. Pasemos a la práctica: el Sants lleva 2/15 puntos, va penúltimo en la tabla, ha jugado un partido más que varios equipos, y le cuesta un mundo marcar goles. Esa es una realidad. Sin embargo ha dominado la mayoría de sus partidos, tiene una plantilla completa e...