Decía Franz Kafka que prefería escribir por la noche, que aprovechaba la oscuridad y el silencio para andar sobre los márgenes de su pensamiento, sacando así al "monstruo" que llevaba dentro. Según el canónico escritor, la vigilia desataba sus más recónditos instintos, sus más temidos miedos. Kafka solía vestir ojeras al llegar al trabajo, si bien las llevaba a sabiendas de haber dado con la palabra adecuada la madrugada anterior. Las sábanas revueltas, pero no usadas. Supongo que tomaba mucho café. Los ojos saltones de Kafka, cortinas de una mente atlética y reprimida, coincidían con los que el Sants suele portar en domingo. El conjunto blanquiverde parece haber encontrado el confort cuando la luna más grita, cuando el resto duerme. La luz de la mesita de noche abierta, un pequeño radiador caldeando la habitación; el Sants no tiene sueño. En partidos en los que cualquiera tira la toalla, el Sants saca el "monstruo" de dentro, que tanto ama la noche como detes...