A la lluvia no se la combate, se la espera. La lluvia llega, unas veces suave, otras tensa, para empapar arcenes, capuchas, y toldos. Llega para gobernar la acústica de la calle con su eco. Desnuda también terrazas y recreos. La lluvia es caos, y es orden, polifacética. Igual te coge en un semáforo, cruel desenlace, que la ves castigar desde el sofá, agradeciendo su compañía en una tarde de perros. Sin embargo, la lluvia siempre acaba. En algún momento u otro, alargas la mano a techo descubierto y topas con la ausencia de gotas que la duchen. Vuelves entonces a ser el dueño/la dueña de tus pasos, al principio tímidos. Hace frío, pero no importa. La lluvia se vio prolongada durante más de lo esperado para el Sants, condicionando de lleno cualquier propósito de los blanquiverdes. Tras estar azotándoles durante semanas, la lluvia cesó en el último encuentro, ganado ante un Martinenc grogui. La tormenta permitió que los de Tito Lossio reflexionaran sobre su rumbo, además de limpiar h...