Primero nos dijeron que había que ganar. Luego perdimos, y participar era lo importante. Crecimos inmersos en un simulacro infantil de lo que la vida iba a ser. Victorias y derrotas. Existen los que reniegan de todo esto, aquellos tachados de románticos que abogan por, aun sin obviar el "qué", darle importancia al "cómo", construyendo así conclusiones tangibles y basadas en métodos que logran responder a muchas de sus preguntas. Otros apuestan por obtener resultados, haciendo del beso una simple excitación carnal y del gol un número. No es menos válido, pero sí menos divertido. Y la Anguera el domingo fue lo primero, un romántico que dio sentido a muchas de sus inquietudes. Hace unas pocas fechas vi en la pared de un museo una inquietante reflexión. Todo beneficio (dígase victoria) o pérdida (derrota) da dos caminos a escoger al ser humano. La esclavitud o la liberación. Se...