La vida en una sociedad en constante evaluación conlleva a cada uno de sus integrantes el saber lidiar con la continua presencia de espejos. Hay que optar por enfrentarse a ellos. Alzar la vista, mirarse a los ojos, y aceptarse a uno mismo. Virtudes, defectos, rarezas. Sonreír, y gustarse. Recolocar ese pliegue del jersey antes de salir de casa sabiéndose uno reluciente. Ya sea flaca, rubio, bajita, calvo, con las orejas pequeñas, o con la nariz aguileña. Sabedor/a de que cualquier quisquilloso análisis al que sea sometido/a no será sino una pérdida de tiempo para el sujeto que lo realice. El domingo por la tarde, y como ya es tradición en el mes de mayo de cada temporada, se jugaba un duelo en la Industrial que se antojaba decisivo para el futuro de Anguera y Santa Eulàlia, prácticamente vecinos en la tabla. Aunque sus situaciones fueran desemejantes, era obvio que quién se llevara el gato al agua en un encuentro tan parejo saldría más que reforzado de la cita. La ...