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UE Sants 0-2 FC Vilafranca (J.10)

Con frecuencia me pregunto si soy causa o consecuencia de mis actos, pues dudo entre ser el sujeto de la acción o estar sujeto a ella. Pretendo escoger mis rasgos sin saber que quizá son ellos quiénes determinan mi forma, quiénes me definen. Aunque cabe también en mi ideario el efecto boomerang, que consiste en lanzar al aire (sociedad) una intención para que vuelva sabiéndose esta mía, se me antoja complicado el abandonar la duda. ¿El escribir me hace ser "escritor", o es el ser "escritor" que me hace escribir? ¿Soy el principio, o el fin de la trama?

Al contextualizar este dilema creo zanjar el debate -al menos por ahora- ya que me supone una cuantiosa inversión -¿pérdida?- de tiempo. Pienso en una solvente línea defensiva, en una anciana octogenaria enamorada de un banco del parque, o en una malabarista circense. En ninguno de los tres actos la característica es intrínseca al individuo/colectivo, ésta florece en todas con el paso del tiempo. ¿Es la cualidad la que nace en el sujeto, y no el sujeto el que nace con la cualidad? ¿Somos al principio causa para después ser consecuencia?

La matinal del domingo presentaba un apetitoso menú a degustar en l'Energia con el choque entre Sants y Vilafranca, dos equipos perdidos por la mitad de la tabla que querían sublevarse en busca de un respeto mayor por parte del resto de la categoría. Al frío que gana terreno con el pasar de hoja en el calendario lo esperaban las multitudes congregadas en l'Energia para la presentación de los equipos de fútbol base del Sants. Dejar de abrazar al edredón no es un inconveniente cuando el calor espera fuera con el desayuno preparado.

Como ya es tradición en choques de este calibre, los primeros compases del encuentro salieron de casa y toparon con la simetría en plena calle. Al saberse conocidos, ambos empezaron a charlar sin más intención que la de ponerse al día y aprovechar para estirar los músculos bucales. La conversación parecía destinada a la esterilidad cuando el "Sheriff" Navarro rompió la paz matutina con un grito. Cantí puso la alfombra para que el "9" del Sants rematara a bocajarro ante Miguel Ángel Ramos, siendo este último el ganador del pulso al alejar el balón de su arco con una mano salvadora. 

El partido seguía en modo ingrávido mientras ambos conjuntos se disputaban el dominio al piedra-papel-tijera. Al no tener ningún argumento de peso, locales y visitantes parecían depositar sus bazas a la suerte. La voluntad brillaba por su ausencia cuando el Vilafranca recurrió a ella para asustar a Yamandú con un llano tiro que embolsó el meta, y la defensa del Sants se entestaba en demostrar que el domingo no era su día mientras cometía errores -no forzados- en exceso. El Vilafranca detectó esa inseguridad en el contrincante y se creyó accionista del partido al empezar a combinar con notoriedad en recurrentes acciones. 

Todos los presentes vieron desde la lejanía como llegaba la media parte, viéndose obligados a bajar la mirada unos metros antes de cruzar palabra para encontrar en ella algún tipo de sorpresa. Si solemos hablar del descanso haciendo referencia a su significado, el del domingo era una mera contradicción, pues hubo más actividad durante ese cuarto de hora que en los muchos minutos anteriores. "¿La ocasión de Sergio Navarro o una cerveza?", pensaban los/las hinchas.

La reanudación dibujó un panorama un tanto complejo en el que el sosiego era la forma de expresión y el balón la víctima y el culpable del aburrimiento. Sin embargo, la amonestación a Mario Cantí fue la confirmación de lo que era un secreto a voces, estábamos caminando sobre la calma que precede la tormenta, sobre el sol que precedía al temido huracán Leslie. Liderado por sus dos vértices ofensivos y equipado desde el banquillo con guitarras, bajos, y batería, el Sants dio un improvisado concierto de Rock and Roll en el que Cantí ponía la voz rota que emocionaba al público. Mario ganaba los balones aéreos con la pasión y el harmónico desorden del cantante rockero que aglutina los diferentes instrumentos para acabar vomitando música.

El Sants pretendía ahogar al Vilafranca, que achicaba agua, con numerosas arremetidas excitantes para todos los presentes. Avisó Mario al cabecear con malas intenciones un saque de esquina, y llegó entonces la avalancha de peligro que pudo ser -y no fue- la sentencia local. 

Me gusta muy poco hablar de árbitros por distintas cuestiones; primero por el simple hecho de que ellos no quieren -en teoría- ser el foco de atención, en segundo lugar porque cuesta no hacerlo desde la subjetividad, y por último debido a la poca literariedad que originan sus actos, pues son siempre sobrios y aburridos, factor que va ligado con el primer punto y que acepto con deportividad. En pocos textos los he citado, pero tras el encuentro del domingo en l'Energia me veo obligado a pasar -al menos de puntillas- sobre la actuación del colegiado.

Durante el alud ofensivo del Sants se dieron tres acciones de meridiana trascendencia en territorio visitante. Primero fue un gol anulado a Juli por falta de Mario al central rival en la acción previa, en la cual el criterio del árbitro no es dispar con el mío, pues el agarrón existió. Sin embargo, pocos minutos pasaron para que la hinchada local pusiera el grito en el cielo por un supuesto penalti sobre Gaudioso. El talentoso pivote "santsenc" salió de zona y ya dentro del vértice del área engañó a su marca para después recibir una sonora patada que no le permitió seguir en pie. La gota que colmó el vaso de la paciencia del Sants la hizo caer la acción posterior, cuando Cantí encaraba al portero y fue derribado -de manera barroca- por el último hombre visitante, quedando la acción para el colegiado en una meritoria intervención defensiva. 

La temperatura del encuentro subía a cada lance del juego, ganando los 3 puntos el valor que antes les había sido desmerecido. En una intentona de los visitantes el balón acabó en el fondo de la red, dando paso a un silencio tan breve como ensordecedor en el bando local. Fuera de juego. No hubo apenas quejas por parte del conjunto del Alt Penedès, con lo que el choque prosiguió sin demoras. Tuvo entonces Aleix -siempre la tiene- su opción para marcar tras un espléndido pase de Borrull que rompió hasta las líneas pintadas en el asfalto de la calle Gernika, perpendicular al campo.

El intercambio de golpes parecía condenado a sentenciar a uno de los dos, y en esas el Sants parece tener tickets para regalar ya que en l'Energia ha recibido prácticamente todos los goles en los últimos diez minutos. La excepción sucumbió ante la regla y un cabezazo del central visitante adelantó al Vilafranca en el 80'. El gol parecía desnudar las vergüenzas defensivas del Sants al haber permitido rematar solo a Antonio Pelegrín. 

Pero el domingo el destino quería ser tan categórico como pedagógico, y por eso obsequió al conjunto de Tito Lossio con un segundo gol a balón parado para enmarcar. La escuadra de Yamandú aún sigue asaltando a todo aquél que se le acerca: "¡Quiero el nombre del balón que el domingo se me insinuó!". La intensidad defensiva a balón parado, aspecto a mejorar para el Sants en una categoría que parece engancharte tus propios defectos en la cara.


Tras el segundo golpe y con la nariz ensangrentada, el Sants aún quiso volver al combate a salvar el honor, y lo hizo sin éxito, aturdido aún por la crudeza de lo acontecido. 

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